Breve
Ha sido un fin de semana interesante, lleno de frases para recordar.
Evidentemente no me acuerdo de la mitad.
He acuñado una definición de inteligencia que me gusta mucho, y que creo que es ampliamente aplicable: Inteligencia es la capacidad de responder adecuadamente a las situaciones.
lunes, julio 19, 2004
jueves, julio 15, 2004
El Laberinto
Ayer me pasó una cosa que me hizo reflexionar. Resulta que cerca de Alonso Martínez hay una conocida ludoteca llamada El Laberinto: un sitio maravilloso donde sirven cerveza y donde se puede jugar a una variedad ingente de juegos de mesa, de cartas, incluso de ordenador. Este es el escenario donde va a tener lugar el relato.
Iba yo paseando tranquilamente ayer por las pequeñas calles que existen pacíficamente entre Tribunal y la porpia plaza de Alonso Martínez, después de haber disfrutado de un ingente número de cervezas junto con una compañero del curro y su esposa. Mi vestimenta se componía de una americana azul marino, una camisa azul claro, y unos pantalones de pinzas también azul marino. Mi mente vagaba agradablemente en esa dulce nube en la que me sume una cantidad razonable de cerveza, mientras que mis ojos vagabundeaban por los escaparates de las tiendas, los semáforos, las madrileñas personas que van de un lado para otro a la velocidad del rayo, los coches, en fin, de todos esos objetos y sujetos variopintos y maravillosos con los cuales comparto ciudad, disfrutando sánamente de estar perdiendo el tiempo; y saboreando aun más esa sensación al darme cuenta de que por donde quiera que pasara no encontraba a nadie que compartiese mi fortuna.
En esas estábamos cuando desemboqué en la calle San Mateo, calle de una sola dirección en la que está ubicado la ludoteca que he descrito arriba. Entonces me puse a recordar aquellos tiempos en los que solía frecuentar el local para jugar a Séptimo Mar (juego que me apresuro a recomendar desde aquí), y decidí acercarme a tomar una cerveza y a recordar viejos tiempos.
El chaval de la barra no dio muestras de reconocerme cuando pasé por la puerta. Nada había cambiado. Seguía siendo el mismo antro acogedor y bien iluminado que en su día me encantó. El chaval tampoco había cambiado. Fue como retroceder año y medio. Maravilloso :).
Levantó la vista del dragón (precioso) que estaba pintando de verde y me preguntó si deseaba algo, a lo cual respondí con un parco "Si, una caña". Una vez tuve la caña en mi poder me fui a la zona autista, que es una barra larga donde se amontonan juegos para los que no se necesita más de una persona y me dispuse a perder un rato más el tiempo intntando descifrar esos sufridos puzzles. Pero nada más acodarme en la barra y de deshacer el puzzle verde de los topos para hacerlo de nuevo, oí al chico de la barra sentarse de nuevo a la mesa donde le esperaban otros tres compañeros, y retomar una conversación con la chica que estaba sentada a su lado. Frase y media fue lo único que necesité para darme cuenta de que era una conversación que había oido muchas veces en una situación muy concreta: un/a chico/a bien se piensa que los roleros somos hordas de ojos enrojecidos, sedientos de violencia y armados con katanas, cuya principal actividad es hacer sacrificios a Belcebú y descuartizar porteros por las esquinas, y un/a veterano/a rolero/a que, en vez de mandar al carajo a dicho sujeto, se dedica pacientemente a intentar horadar el duro caparazón de la desinformación social, agarrado firmemente al cerebro del mismo.
La conversación duró un cuarto de hora más o menos. Cinco minutos menos de los que tardé en beberme la cerveza y pasar por todos los juegos de la barra. Luego, ya decidido a irme, me dispuse a pagar, con lo que el chico se levantó de nuevo y se dirigió a la barra. Mientras me cobraba le pregunté que si estaba de taller de pintura (pregunta tonta de rspuesta obvia), con ánimo de entablar conversación y ver si me reconocía de una vez. Su respuesta fue "Sí, aquí estoy con estos frikis".
Nota del autor: en otro post hablaré de los frikis y de cómo reconocernos indefectiblemente. La pista está en la frase anterior. Un gamusino a quien lo adivine ;).
Entonces yo le contesté que los frikis éramos una raza básica. Entonces me miró de arriba abajo, evaluándome a ver si estaba de cachondeo, y después de un par de segundos sonrió un poco y apostilló: "Pues no te hacía siendo uno".
Y yo me pregunto: ¿Por qué?
Yo conozco frikis de todo tipo y condición, y alguno incluso se ajusta a la estética de la perilla, los pelos largos y la camiseta de Blod Guardian. Pero he de reconocer que me dejó descolocado el darme cuenta de la separación que había entre nosotros dos, simplemente por que yo llevaba una americana.
Después de pensarlo he llegado a la conclusión de que debe ser la conjunción de dos corrientes: la primera consiste en que la sociedad no considera normales a los frikis. La segunda es que ni los mismos frikis se consideramos normales, o por lo menos no demasiado. Si a eso le unimos la habitual desconfianza del ser humano a todo aquello que considere ajeno, tendremos de nuevo un grupo social con sus propias e identificables características, sus propias costumbres, su propia forma de pensar. Pero hay un matiz importante, que es un grupo abierto. Es tan abierto que no hay nada que nos una excepto el amor apasionado por un tema.
En fin, voy a seguir currando, que me están empezando a mirar mal. Hasta dentro de un rato.
Publicado por Earendil en 7/15/2004 10:18:00 a. m. 0 comentarios
domingo, julio 04, 2004
Un oasis
Cuando se asume que uno padece una idiotez crónica ves las cosas de una manera mucho más relajada. ¿Qué demonios hacía yo esta mañana levantándome a las diez, después de haberme acostado a las siete, para ir a la caza y captura de un bolso que cumpliese ciertas especificaciones? Ni idea. Pero el caso es que lo he hecho. Y como va siendo costumbre en todo lo que hago últimamente, el fracaso ha sido relativo: Me he recorrido tres Corte Inglés, dos Zaras, un Cortefiel, el rastro y varias tiendas sin encontrar un bolso que se ajustase a lo que quería, pero a cambio, ahora mi cultura en lo que respecta a los tamaños, las formas, los materiales y la estética de los bolsos ha mejorado ostensiblemente, merced a las amables dependientas que me han atendido. Loadas sean, medio amargadas como estaban de currar un domingo y me han atendido exquisitamente.
De manera que, después de haberme recorrido el equivalente a una maratón en pasos por tiendas de rebajas, con un notable estado semidepresivo fruto de no haber desayunado nada, de no haber encontrado lo que buscaba y de una imperante necesidad de alcohol, iba caminando por la Gran Vía en dirección a ninguna parte, cuando me he encontrado con un grupito de chicos y chicas que portaban palos de fregona. Y en lo alto de los palos de fregona había pegado con cello un cartel que rezaba Abrazos gratis. Iba tan enfrascado en mis pensamientos que he pasado de largo. Pero después de haber dado cinco pasos me dí la vuelta y supe que si realmente había un momento en el que necesitara un abrazo, ese momento era ese. Me he acercado a una chica y nos hemos dado un largo (y en mi caso terapéutico) abrazo en mitad de la Gran Vía, mientras los coches y las personas pasaban a nuestro lado como un huracán. Bravo por ellos. Loados sean. Ha sido como encontrar un oasis en mitad del desierto de hormigón y sudor que es esta ciudad en verano.
La mañana a partir de ese momento ha empezado a mejorar. De vuelta a casa después de pasar por Rosa Negra (dos regalos, uno lo daré seguro, el otro no lo sé) en la calle Montera, dos cañas y una jarra de refrescante cerveza y cantidad de conversación intrascendente con los personajes que pueblan este barrio. El lacón de ese bar merece un capítulo aparte. Igual que el jamón. Todos ellos han contribuido a que mejorase mi humor más de lo que creía posible, dado que por desgracia la guinda del pastel de este sábado ha sido amarga.
Tristeza, más tristeza. Echo de menos tantas cosas en tu compañía...
Publicado por Earendil en 7/04/2004 02:15:00 p. m. 0 comentarios
viernes, julio 02, 2004
Este dinosaurio donde trabajo
Es muy curioso cómo las cosas pueden funcionar en esta universidad. Es un dinosaurio. Desde que una orden sale del cerebro hasta que llega hasta los músculos pueden pasar días, semanas, meses, o incluso años. Esa orden se puede encontrar con todo tipo de obstáculos en el camino, pasar por veinte manos diferentes, traspapelarse, o simplemente ser ignorada una vez llega al destino.
Cuando se trabaja en los Servicios Informáticos de esta universidad uno tiene una oportunidad privilegiada de comprobar esto de primera mano. Algo relativamente simple como subir cierto tipo de información a un servidor es objeto de reuniones de comité, múltiples variaciones, y cambios de estructura, dado que la información habitualmente es perecedera y hay que estar renovándola permanentemente. El resultado es que cuando al final se consigue el objetivo primordial de subir esa información, ésta ya se ha pasado, o cuando menos su utilidad ha disminuido mucho.
No puedo evitar pensar que todo tiende a pasar por demasiadas manos, lo cual evidentemente ralentiza indeciblemente cualquier cosa que se intente emprender. Con esto imagino que se trata de evitar que haya demasiada información o demasiado poder centrado en una sola persona, hacer que haya varias que dén su visto bueno a cualquier decisión. E imagino que cuando se tiene una universidad con tanto personal, ésta es la única manera de que no termine derivando en un caos. Pero no me hago a ello.
En fin. Es una de las pocas cosas de este curro que no me convencen. La verdad es que tengo mucha suerte de tenerlo.
Publicado por Earendil en 7/02/2004 11:20:00 a. m. 0 comentarios
jueves, julio 01, 2004
De cierta capacidad para cerrar los ojos
Hablando con un amigo me ha surgido en la mente una cuestión que llevaba bastante tiempo aparcada, y es el complicado tema de las ideologías y del integrismo.
Una de las cosas que agradezco a mis padres es la capacidad que me dieron de poner en duda creencias, pensamientos, sentimientos, sensaciones... en fin, de poner en duda todo lo que fuese aprendiendo para, llegado el momento, ponerme a buscar mi propia verdad sobre las cosas, nacida de mis propias experiencias.
Es por eso que al mirar lo que dicen y hacen los integristas de cualquier ideología me embarga una extraña sensación. Porque para mí un integrista es precisamente alguien que es incapaz de poner en duda nada. Es simplemente un robot, alguien manipulable y manipulado, a merced de otras manos, que actúa para cumplir objetivos que no son suyos, y que no tiene ojos para mirar más allá de su propia nariz.
De todas formas tengo curiosidad. Voy a ir a la RAE a ver cual es la definición de "Integrismo". Ahora vuelvo.
Ya estoy de vuelta. Y contento, porque la definición que he encontrado me gusta mucho:
integrismo.(De íntegro).
1. m. Actitud de ciertos sectores religiosos, ideológicos o políticos, partidarios de la intangibilidad de la doctrina tradicional.
2. m. Movimiento ideológico español de fines del siglo XIX basado en principios antiliberales y que propugnaba la aplicación inflexible de la doctrina tradicional católica.
La segunda acepción de la palabra la pongo para cultura general del personal, pero voy a centrarme en la primera.
Los integristas son partidarios de la intangibilidad de la doctrina tradicional. Es decir, de la conservación de una doctrina tal y como les ha sido dada, de una doctrina que viene del pasado, tradicional. Así, de un primer vistazo, parece que podrían ser definidos como "conservadores" sin miedo a error, pero no vayamos tan de prisa.
Ahora me estoy dando cuenta de que a lo mejor estoy utilizando (de nuevo) un término de forma incorrecta, porque claro, un integrista según la RAE podría ser alguien culto, conocedor de diversas ideologías, y que ha optado por la que le parece más conveniente, lo que invalida mi definición de integrista. Y no me siento en el derecho de decidir que todos los integristas son unos idiotas descerebrados sin capacidad para entender otra cosa que no sean esas ideas grabadas a fuego que llevan en su materia gris.
Entonces, ¿cómo definir a una persona que no pone en duda aquello que le es dado? Creo que tengo varias palabras, pero voy a ponerme el reto de encontrar alguna que no sea irrespetuosa. Pensaré en ello mientras voy a sacar dinero y a por cerveza.
Bueno, los chinos cerrados; estos deben de haber nacido aquí, que sólo son las once y veinte de la noche de un miércoles pardiez. Bueno, sigamos. Creo que hasta ahora la palabra que más me gusta para definir a estas personas es "pueril", dado que los niños, hasta que aprenden a pasarse las normas por el forro, se dedican a eso, a aprender cómo van las cosas en ese mundo en el que han caido sin que nadie se lo pidiera ni les consultara antes, sin poner en duda nada de lo que lo que les llega. Claro que no hay ninguna otra palabra que defina a estas personas como colectivo, pero es igual, puesto que voy a hablar de su perfil común.
Todas las personas maman las ideas de su casa. Evidentemente. Si en una casa resulta que el padre habla mal de su supervisor Antonio "el bolas", para los niños pequeños "el bolas" pasa a ser el enemigo, pues es la persona contra la que arremete su padre. Es un hecho natural. Ahora bien, creo que es de recibo que, una vez la persona ha crecido y está forjando su personalidad, ponga en duda lo que ha aprendido para buscar unas vivencias distintas, unas opiniones distintas, una forma distinta de ver la vida. A lo mejor resulta que Antonio "el bolas" es un tío magnífico. Ahora bien, hay cierto tipo de personas para las que esas vivencias, opiniones, y forma de ver la vida son la base, lo único seguro que se tiene, y desprenderse de ello, o por lo menos aceptar la idea de que algunas de ellas o son todo lo correctas que debieran ser, es algo traumático. Entonces se produce el efecto contrario: en vez de buscar y bucear entre distintas ideas, de leer diferentes libros, de frecuentar grupos de personas distintos, este tipo de personas lo que hacen es buscar incondicionalmente argumentos que den razón de ser a sus ideas, que den una pátina dorada de endeble lógica a la columna de piedra de una creencia, SU creencia.
Y por regla general, alguien mínimamente culto, que haya leído, que esté abierto a lo que venga y que sea capaz de debatir, echa por tierra esos argumentos. Entonces es cuando esa persona se convierte en el enemigo, en el paradigma de lo odiado, simplemente por poner en duda que esos argumentos tengan una base. Una lástima.
Y ¿dónde podemos encontrar ejemplos de este perfil de personas? Pues uno de los sitios donde se dan como setas es entre los militantes de cualquier partido político. Expertos en culpar de todo lo que va mal a la oposición, tanto ahora como en el pasado, en vestir de blanco la ideología de su partido y en dejar el luto para el resto, en pensar que el gobierno de un pais es algo simpe y sencillo. En definitiva, capacitados para cerrar los ojos a esa otra cara de la realidad, que es la que daría sentido a la suya, solamente con que se esforzasen en mirarla de frente y sin ideas preconcebidas. Utilizan contra ella el ataque preventivo (tan deleznado cuando se habla de Estados Unidos), diezmándola y despojándola de todo respeto y razón de ser, no vaya a ser que tengan razón los del otro lado, pues sería una catástrofe. Claro que entre los militantes también hay gente que no se corresponde con este perfil. Pero por desgracia no hay demasiados.
Mirad, echad un vistazo, aprended, empapaos de aquello contra lo que lucháis, implicaos. Conoced al enemigo, pues a lo mejor no es tan enemigo como parece. Permitios dudar del aliado, pues a lo mejor no es tan aliado como os han hecho creer. Conoced a ambos y entonces sabréis a dónde ir. No tengáis miedo: probad a intentad entender por qué una persona de ideología diferente se siente como se siente. Pasad de panfletos y de pancartas y recuperad los libros y las tertulias sobre política en los bares. Y sobre todo, respetad la opinión ajena, pues es como mínimo, tan valiosa como la vuestra.
A quien corresponda entender y darse por aludido que lo haga.
Publicado por Earendil en 7/01/2004 02:06:00 a. m. 0 comentarios
lunes, junio 14, 2004
De las formas y el fondo
A lo largo de mi vida he ido aprendiendo que, a la hora de comunicar algo, son tan importantes las formas como el fondo, porque ambos están intimamente relacionados.
Teniendo esto tremendamente claro cuando inaguré el presente blog, quise que todo lo que pusiera en el mismo siguiese la premisa básica siguiente: Intentar evitar, en la medida de los posible, que los textos que colgase pudiesen ser malinterpretados.
Creo que he tenido cierto éxito en ello, con dos excepciones. La primera es la entrada acerca de la amistad y el amor, aunque mientras la escribía tenía claro lo que iba a pasar, precisamente por lo controvertido y complicado que era el tema. Y creo que he salido bien librado de aquello no por el mérito del autor, sino por los maravillosos lectores con que cuenta el blog.
La segunda es la entrada del diez de Junio de este año. Es una entrada absolutamente visceral y que escribí mientras estaba bajo los efectos de un notable cabreo (cabreo que me duró hasta la noche), y en la que doy rienda suelta a mi frustración por tener tan mala suerte en el tema de las casas y todo lo relacionado con ellas en general, y en las mudanzas en particular.
Ahora bien, me gustaría dejar claras una serie de cosas que, creo que los que me conocéis ya sabéis, pero que son muy importantes para mí.
La primera es que esa entrada no era ningún ataque personal contra nadie. Nunca lo ha sido. Ni en general ni en particular.
La segunda es que yo no mido la amistad por la cantidad de cosas que hacen los demás por mí, sino por otras cosas, a mi juicio mucho más importantes, como pueden ser cómo estoy en su compañía, la confianza que tengo en esa persona, la cantidad de cosas de las que puedo hablar con esa persona, o la empatía que tenga con esa persona. Y si ese amigo encima hace algo por mí, ya alcanza la categoría de semidios XD.
La tercera es que algo, que debería haber sido un grano de arena, se ha convertido en una montaña, precisamente gracias a que se ha repetido ese mismo grano en ese mismo sitio. O un 01 en la tirada de ataque y un 100 en la de pifias, como diría Imperator o cualquier otro fan de MERP, en dos ocasiones ;). Y esas dos ocasiones han sido duras y me han pillado con la guardia baja. No son nada agradables.
La cuarta es que en ningún momento echo la culpa a los Athechuzos por tener vida propia, asuntos propios y agendas apretadas. Es precisamente una de las cosas que más me enamoraron de vosotros: vuestra independecia y la riqueza de vuestras vidas en general.
Si se desprende algo que niegue cualquiera de estos cuatro puntos en algún momento de la lectura de esa entrada, me gustaría que supiéseis que no son verdad. Y que he sido, soy, y seré capaz de demostrarlo.
Ah, una quinta y última cosa: os quiero con locura. Y punto.
Publicado por Earendil en 6/14/2004 01:19:00 p. m. 0 comentarios